ALGUNOS DATOS ESTADÍSTICOS SOBRE LAS MONEDAS LUCENSES DE LA CAETRA

23 de abril de 2013

Vamos a servirnos del inventario y catalogación hecha por varios autores para interrelacionar distintas piezas y llegar a conclusiones globales acerca de lo que fueron las emisiones de las monedas de la caetra (acuñadas en el noroeste hispano durante, aparentemente, las Guerras Cántabras, en su mayoría -los ejemplares de busto esbelto-, en lo que actualmente es Lugo). Sólo tendremos en cuenta aquellos inventarios que nos muestran el origen exacto o inferido de las piezas descritas, dejando constancia de que la mayoría de los catálogos (Villaronga, Paz, etc) prescinden de señalarnos el lugar de procedencia de sus piezas, mayormente porque les es desconocido. Nosotros, para dar una visión veraz de la distribución de estas piezas, tenemos que ceñirnos a estos tipos de registros exactos.

Primeramente debemos indicar que los estudios más completos al respecto de estos inventarios son los de Ferrer Sierra (1996), Sagredo San Eustaquio (1994), Rui Centeno (1987) y Cavada Nieto (2004, 2001 y 1973), todos con reflexiones históricas profundas e interesantes, aunque lamentamos que no existan estudios globales actuales acerca de las monedas de la caetra y, para más INRI, los últimos hallazgos lucenses, gallegos y portugueses, aún no han sido publicados, ni tan sólo parcialmente. Para la interpretación histórica de la problemática que encierran estas piezas, recomendamos la lectura de nuestro artículo La moneda lucense de la caetra, que aparecerá en breve en el número 7 de la revista OMNI.

Vamos a comenzar el análisis con los ejemplares encontrados en las recientes excavaciones lucenses, concretamente los hallazgos exhumados en su capital, desde 1986 hasta 1993 (publicados en 1996 por Ferrer Sierra), tanto dentro de la muralla como extra muros, y cuyas referencias exactas las hallamos en el libro Lucus Augusti, vol. I, pp. 425-456, en el capítulo escrito por el anterior autor (no obstante él mismo señala que desde entonces a hoy el número de caetras halladas ya llega al centenar en Lugo, en su trabajo de la obra de 2006 dirigida por García-Bellido Los campamentos romanos en Hispania (27 a.C.-198 d.C.). El Abastecimiento de moneda.

Lugo (excavaciones: 1986-1993): Se hallaron siete dupondios, dos cospeles y 44 ases (en total suman 53 piezas). Vamos a dejar para adelante el hablar de la tremenda importancia de la aparición de estos cospeles, y centrarnos ahora en el análisis de las variantes de bustos para los ases, pues sabemos que para los dupondios y sestercios, sólo se conoce el de busto esbelto o estilo elegante. Lo importante aquí es destacar el hecho de que tan sólo dos de los 44 ases son de busto bárbaro o tosco y el resto, esto es, 42 ases, son de busto elegante o esbelto. Estas muestras (ya por sí solas), ratifican nuestra hipótesis de que las caetra de busto esbelto fueron acuñadas en Lugo, mientras que las de busto bárbaro no (o bien se labraron itinerantemente al compás del movimiento del ejército, o bien se trata de monedas de compensación consentidas -al modo de monedas imitativas- según los estudios más recientes -Ferrer Sierra y García Bellido en la obra de 2006-).

Interrelacionemos ahora esta obra con la de Rui Centeno (1987), pues ambas muestran la procedencia exacta de sus piezas catalogadas, mientras que la de San Eustaquio la procedencia de varias inferida. Así tendremos una primera impresión sin lugar a dudas.

Centeno cataloga, según nosotros, 85 ejemplares de la caetra (sin tener en cuenta las computadas por Vázquez Seijas), mientras que Ferrer Sierra indica que Centeno cataloga 57 (cuando él mismo en su mapa muestra 79 ejemplares de Centeno, más 53 de las últimas excavaciones lucenses). Esta diferencia de 79 a 85 resulta de que Sierra no suma las caetra del museo de Orense, Pontevedra y León (cuando nosotros sí las sumamos, y Centeno también). Ferrer Sierra tampoco tiene en cuenta las monedas citadas por Vázquez Seijas, tampoco en primera instancia nosotros, y además, añade a Braga dos caetras más. Centeno considera, en su mayoría, las piezas procedentes de excavaciones arqueológicas o hallazgos esporádicos aunque, en casos, también catalogaciones anteriores y ejemplares de museos, donde muchas piezas son de procedencia exacta pero, algunas otras, sólo inferida. La distribución que él hace de las caetra, dividida según zonas por nosotros, es la siguiente:

1.Galicia: 26 ejemplares:

Baiona (Pontevedra): Un as esbelto.

Castro de Calvario (Pontevedra): un as esbelto.

Castro de Elviña (Coruña): un as de busto sin determinar.

Castro de Meirás (Coruña): un as bárbaro.

Castro de Peneda do Viso (Pontevedra): un as bárbaro.

Castro de San Cibrán (Pontevedra): un as bárbaro.

Castro de Vigo (Pontevedra): un as esbelto.

Ciudad de Caneiro (Pontevedra): un as esbelto (casi seguro).

Castro de Santa Tecla (Pontevedra): dos ases bárbaros.

Castro de Troña (Pontevedra): un as esbelto.

Lugo, ciudad: 4 dupondios (todos de excavaciones arqueológicas hasta 1972 (no contamos, pues, las recientes).

Museo provincial de Lugo: un dupondio y tres ases esbeltos (de procedencia exacta desconocida, pero como cree Centeno, Sierra y nosotros con total certeza de la provincia de Lugo y muchos de su capital. Aparte estarían el dupondio y los cuatro ases esbeltos citados por Vázquez Seijas, que cita Centeno, pero que no estima Ferrer Sierra para su recuento global.

Museo arqueológico provincial de Orense: dos ases bárbaros. Sierra tampoco los tiene en cuenta.

Museo de Pontevedra: dos dupondios y tres ases (uno esbelto y dos bárbaros –de procedencia inexacta pero atribuibles a esta provincia y por lo tanto a Galicia-). Sierra no los tiene en cuenta.

2.Portugal: 44 ejemplares:

Braga: 7 caetra, de los cuales al menos tres son ases esbeltos y dos bárbaros (así las cataloga Centeno, dos más habría según Ferrer Sierra).

Briteiros (Braga): dos dupondios y once ases: 8 esbeltos, 2 bárbaros y uno sin determinar.

Castro de Alvarelhos (Porto): un as bárbaro.

Castro de Carvalhelhos (Vila Real): un as esbelto.

Castro de Santo Ovídio (Braga): un as esbelto.

Castro de Monte Mozinho (Porto): tres ases: dos esbeltos y uno bárbaro.

Citania de Santa Luzia (Viana do Castelo): un dupondio.

Coimbra: once caetra: dos dupondios, seis ases esbeltos y tres bárbaros.

Cidade de Áncora (Viana do Castelo, Portugal): un as bárbaro.

Coto da Pena (Viana do Castelo): un dupondio.

Moldes (Viana do Castelo): un dupondio.

Paços de Ferreira (Porto): un as esbelto.

Sabugueiro (Portugal): as esbelto.

Salacia (Portugal): as bárbaro.

3.Resto de España: 17 ejemplares:

Amaya (Burgos): dupondio (recogido por H. Flórez en 1757).

Astorga (León): dos ases: uno esbelto y otro indeterminado.

Castro de Arrabalde: dos ases de busto indeterminado.

Castro de Coaña (Oviedo): un as bárbaro.

Castro de Villasobariego (León): un as del que se desconoce el tipo.

Clunia: cuatro ases bárbaros.

Coca: un as bárbaro.

Museo provincial de León: un as indeterminado (y de procedencia desconocida). Sierra no lo considera en su estudio.

Pico del Castro (León): un as de busto indeterminado.

Valtuille de Abajo (León): Un as indeterminado.

Villadiego: dos ases de busto sin determinar, recogidos por A. Heiss, 1870.

Traduciendo a datos la obra de Centeno, sobre el total que nosotros estimamos, 87 piezas (sumando así las dos que a mayores indica Sierra para Braga) en cuanto a caetra se refiere, obtenemos que 26 de las piezas pertenecen a Galicia (de muchas consta la procedencia exacta en castros y excavaciones); es, por lo tanto el 29,88% del total de las piezas descritas por Centeno (frente al 50,57% de Portugal y el 19,54% para el resto de España). Además, para Lugo capital tenemos 8 piezas (sin contar las de Vázquez Seijas), lo que representa un mísero 9,19% del total y el 30,76% con respecto al total de Galicia. Ante este dato se nos hace fácil comprender el cómo Centeno pudo desmentir su origen lucense y admitir –como Villaronga- que pertenecen a ceca itinerante. Sin contar los datos expuestos por Ferrer Sierra, Galicia y en especial Lugo quedarían muy desbancados, abrumados por las altas cifras de Briteiros o Conímbriga, que representan el 14,94% y el 12,64% respectivamente, y que sumados al resto de piezas vecinas, hacen que Portugal represente el 50,57% de las piezas catalogadas por Centeno. Las cosas cambiarían de contarse las piezas que cita Vázquez Seijas (nosotros creemos que deberían tenerse en cuenta), y cambiarían mucho más de tomarse el imponente número de 53 piezas publicadas por Sierra en 1996 para la ciudad de Lugo (y más aún el centenar de caetras contabilizadas hasta hoy). Más tarde relacionaremos estos datos.

Como dijimos, todo se ve más claro cuando interrelacionamos las ambas obras citadas. Estos son los resultados:

El total de las monedas encontradas en Lugo capital es de 61 piezas (de las 140 piezas totales catalogadas por estos dos autores –estamos hablando de las catalogadas con procedencia exacta-, 87 presentadas por Centeno, y 53 procedentes de excavaciones lucenses relativamente recientes -publicadas en 1996-). Representan, por lo tanto, el 43,57% de las totales (ahora los datos son más rotundos), lo que convierte a Lugo, aún prescindiendo de todos los otros datos, en el candidato más plausible y racional para la acuñación de estas piezas de busto esbelto. Ahora, todo el convento bracaraugustano, que le sigue en número de hallazgos, representa el 31,42% del total). Además, si contásemos con las piezas de posible origen gallego, como la colección Blanco Cicerón, estas cifras aún aumentarían.

Otras 16 establece Vázquez Seijas como procedentes de Lugo, casi con total seguridad (no las contamos en las 61 piezas, por lo que aún se sumarían a mayores).

Hay, por tanto, 61 ejemplares en Lugo frente a 79 del resto, Galicia inclusive, sino el resto representaría 61 ejemplares excluida Galicia (habría que sumar a esta comunidad las 7 del museo de Orense y Pontevedra y 11 de otros hallazgos en castros etc –véase la Fig. 7-). En Galicia, pues, habrían 79 piezas sobre 140, lo que representa el el 56,42% del total (e insistimos que no estamos contando las de Vázquez Seijas, Blanco Cicerón y las recentísimas). Además, por si fuera poco, los dos cospeles sin impronta hallados en las últimas labores arqueológicas lucenses (supuestamente con la misma morfología, metal, tamaño, peso, antigüedad, lustre y contexto arqueológico que las caetra) potencian la posibilidad de la acuñación de todas las de busto esbelto en Lugo, ya que difícilmente se pueden exportar cospeles con las monedas de curso a otros lugares (pero sí perderse en su lugar de fundición, ya que los cospeles se obtenían por este método, si bien las monedas en sí por acuñación a martillo). Resumiendo, es altamente improbable (y más a la luz de los hallazgos), que estos cospeles se trajesen por error de fuera, sin acuñar, junto con otras monedas de curso legal (como indica Ferrer). Lo más lógico es que se perdieran en su lugar de acuñación, esto es, en Lugo.

Ahora vamos a hacer depender, finalmente, estos datos de los recogidos en la ponencia de Sagredo San Eustaquio y en la obra VIII Congreso nacional de numismática (1994). Ahora sí que vamos a contar las piezas atribuibles a Galicia, como las citadas por Vázquez Seijas y las de la colección Blanco Cicerón.

San Eustaquio pretende catalogar 216 piezas, cuando de muchas no se puede establecer con rigor científico su procedencia. Sin embargo se puede desprender de otras, por lo que su pretensión no es tan descabellada. Sin embargo vamos a descartar para nuestro estudio las 34 piezas del Museo Arqueológico Nacional, por no ser, lógicamente, propias de allí, además de las 31 piezas que San Eustaquio recoge de catálogos. Por lo tanto, nuestros porcentajes estarán en función de 151 piezas (recordamos que 140 estarían recogidas en Centeno y Ferrer Sierra y lo están también en San Eustaquio, salvo 23 piezas que él aún no conocía de Lugo y que Ferrer Sierra publica después). Por lo tanto el total real sobre el que trabajaremos es 174 piezas (recoge, por tanto, San Eustaquio, 34 piezas distintas).

Ante todos estos datos desprendemos los siguientes resultados:

El 52,298% de las piezas se encontraron en Galicia (aunque de algunas no se sepa la procedencia exacta). Son exactamente 94 piezas sobre 174. Entre estas, 73 piezas se encontraron en Lugo, lo que representa el 41,954% del total y el 80,219% del total gallego.

En Portugal se encontraron 45 piezas, el 24,712% del total (aquí Briteiros representaría el 7,471% y Conímbriga el 6,321% del total, tan sólo).

Entre Galicia y Portugal se encontraron 134 piezas, el 77,011 % del total, en oposición del 22,988% del resto de la Península (donde la mayoría de las piezas se sitúa al NO).

Su relación, pues, con la zona donde se desarrollaron las Guerras Cántabras es indudable. Además Lugo sale fuertemente reforzado como candidato de origen para las piezas esbeltas (41,954%). Aquí tenemos el análisis de los datos, más tarde nos compete interpretarlos.

Si finalmente, sobre estos datos, añadimos la diferencia entre las caetra publicadas por Ferrer Sierra (53 piezas), y el centenar que este mismo autor indica que ya se computan para Lugo hasta la actualidad, esto es, 47 piezas más para Lugo, los datos globales quedarían:

El 63,801% de las piezas se encontraron en Galicia (aunque de algunas pocas no se conoce la procedencia exacta, sí inferida). Son exactamente 141 piezas sobre 221. Entre estas, 120 piezas se encontraron en Lugo (atendiendo a las que tienen contexto arqueológico reciente -sobre cien piezas- y las sólo atribuibles a Lugo – unas veinte piezas-), lo que representa el 54,299% del total y el 85,107% del total gallego.

En Portugal se encontraron 45 piezas, el 20,362% del total (aquí Briteiros y Conímbriga, los hallazgos más numerosos después de Lugo, no llegan al 6 y al 5% respectivamente, cuando Lugo se sitúa con el 54,299%).

Entre Galicia y Portugal se encontraron 181 piezas, el 81,900 % del total, en oposición con el 18,100% del resto de la Península (donde la mayoría de las piezas se sitúa al NO).

Conclusiones

Atribuir a Carisio estas acuñaciones, basándose en las semejanzas de los motivos con las de los reversos de Mérida, en las que figura su nombre, carece de entendimiento, según Cavada Nieto, Rodríguez Colmenero, Ferrer Sierra y otros. Además Carisio no estuvo presente en la conquista septentrional de la Gallaecia, sólo en la Lusitania con labores subsidiarias con respecto a la columna occidental primero y central después, mandada por Augusto y comandada por Antistio. Además el área de dispersión de las monedas de plata de Carisio nada tiene que ver con el área de las de la caetra, como decía Cavada Nieto (1973 y 2004). Si ambas fuesen acuñadas en Lugo, tendría que haber representación argéntea de ellas en dicha ciudad. De igual forma, por el contrario, si ambas fuesen acuñadas en Mérida, no se entiende como esta ciudad no tiene muestras de moneda tipo caetra y, desde luego, no se entiende como Lugo tiene tantas y a mayores dos cospeles (aparte no se entendería el porqué Carisius decidió no poner su nombre en las caetra, y sí en sus denarios). Por ello parece que fueron batidas por Antistio, legado de Augusto y jefe de la columna occidental durante la campaña del 25 a.C. bajo orden expresa de Augusto, que por motivos de salud se había retirado a Tarraco. Es por esta imponente presencia de Augusto por la que no aparece en las monedas el nombre de Antistio (como acontecía con Carisio), ni siquiera bajo la expresión permissu caesaris.

Como intuyeron Rodríguez Colmenero, Carreño Gascón, Ferrer Sierra y Cavada Nieto (entre pocos más), la función de esta ceca no se entiende sin la existencia de un campamento romano en aquella época en Lugo (aunque Cavada Nieto cambiará de opinión -2001 y 2004-), base de operaciones, sobre el cual se produciría la fundación posterior de Lugo bajo la intervención de P. Fabio Máximo, legado de Augusto. Sin embargo las excavaciones arqueológicas no hallaron todavía campamento alguno en Lugo datable tan tempranamente, como sí sucede con Asturica Augusta. Para los ases toscos, de los que sólo se encontraron dos ejemplares en las susodichas excavaciones lucenses, presumiblemente no se acuñaron en Lugo, sino en distintos puntos, probablemente alguno en tierra gallega, de manera itinerante.

Su circulación se concentra en la franja que va por encima del Duero, desde el atlántico hasta Clunia y al norte hasta el cantábrico, como dice S. San Eustaquio, y como demuestra la mayor concentración de estas piezas en Galicia y en el Norte de Portugal. En la región cantábrica no se encontró ningún ejemplar y en Asturias sólo el de Coaña. Es chocante que por debajo de Lugo haya un gran vacío en los hallazgos, para volver a encontrarnos con muchos en el sur gallego y norte de Portugal. Otro sector con piezas abundantes estaría entre León y Burgos, en lo que será el Conventus Cluniensis.

En la mayoría de los hallazgos, salvo Lugo, Briteiros, Conímbriga, Braga y Clunia, se encuentran tan sólo una o dos muestras. Esto se debe a que era una moneda de carácter militar y a que su presencia se debe a intercambios reducidos, de tipo diario, donde el miles pudo comprar algún producto a gentes de algún castro o de un núcleo poblacional superior (aparte de las canabas). Como sabemos, los intercambios se reducían (y con ellas el ámbito de expansión de estas monedas) debido a que el ejército era abastecido por el Estado (inclusive los alimentos). Otro dato es que existen relativamente pocas piezas con respecto a los muchos soldados que participaron en las guerras cántabras (seis legiones, quizás no completas). Sabemos que las soldada de los militares rondaba, para el salario menor de legionario, los 225 denarios anuales (así lo dice Tácito), aunque habría que descontarles los gastos para alimentos, vestuario y equipamiento (estos datos en Sagredo San Eustaquio). Por ello creemos que estas muestras debieron formar parte de los sueldos en pequeñas cantidades, juntamente con otros numismas procedentes de otras cecas, teniendo, según San Eustaquio, quizás más el papel de una moneda conmemorativa que el de una moneda de curso. No obstante, las múltiples tipologías y variantes, no sólo para el busto bárbaro sino también para el esbelto pueden revelar su función económica. Como apuntábamos, su circulación no pudo ir mucho más allá de los primeros años de la dinastía Flavia, pues se exhumaron caetras con monedas de esta estirpe, no plus ultra.

Muchas de estas últimas piezas exhumadas en las últimas pesquisas arqueológicas de Lugo fueron sometidas a análisis petroquímicos y microscópicos para conocer nuevos detalles. En efecto, se confirmó que los dos cospeles encontrados nunca fueron acuñados. También se detectaron procesos diferentes de aleación, hecho que podría estar relacionado con fases de acuñación distintas (sólo se analizaron las piezas de busto esbelto, pues las de tipo bárbaro, al ser sólo dos, eran insuficientes como para ofrecer resultados estimables).

Para mayor información consúltese nuestra obra de síntesis, con múltiples referencias, que se publicará próximamente en la la revista OMNI (nº 7).

Pablo Núñez Meneses

Miembro y Administrador de ANVAR.es

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